domingo, 2 de junio de 2013

Dos ruedas y mucha adrenalina

Siempre he gustado de andar en dos ruedas, y la bicicleta fue una de mis primeras pasiones. Es así como comenzó el amor por las motos. De chico siempre admiré a mi tío porque manejaba motocicleta. Los fines de semana, a veces él iba por mí para darme una vuelta.
Mi tío siempre avisaba a mi madre cuánto tiempo tardaríamos, pero hubo una ocasión donde nos tardamos mucho más. Esa vez tardaríamos, ya que se nos ponchó una llanta y llovió. Mi madre se preocupó bastante, porque una caída en moto es muy riesgosa.
En diciembre del 2004 recibí 25 mil pesos de una caja de ahorro que mi madre administraba. La había esperado con ansias. Con este dinero compraría mi primer moto.
El día viernes de la primera semana de enero mi tío me acompañó a comprarla. Cuando llegamos a la tienda, sentía muchos nervios porque yo aún no sabía manejar moto estándar. Hablamos con el vendedor, que gustoso nos atendía porque haríamos la compra. El técnico del establecimiento la tuvo lista en 20 minutos.
Era una moto con motor 150cc de tipo deportiva, la cual se convertiría en la mejor acompañante de todas mis nuevas aventuras. No era la gran moto pero para ser la primera, sería muy adecuada.
Ya de regreso mi tío fue quien la estrenó porque yo volví manejando el coche en el que llegamos al establecimiento de motos.
En casa le dije que me enseñara a meter los cambios de la moto estándar. El me enseñó después de la comida. Eran las siete de la noche y la emoción no cabía en mí, y en cuestión de 20 minutos ya estaba dando vueltas por mi colonia.
Me la pasé casi toda la tarde dando vueltas por lugares que conocía, hasta que se me terminó la gasolina y tuve que volver empujando la moto. La gasolina se me terminó porque olvidé que solo le ponen poca para probarla.
Por lo tanto creo que la adrenalina y la emoción a veces te hacen olvidar cosas básicas del uso de los vehículos. Creo que es fascinante sentir el poder de una máquina que te desplaza con mayor libertad. Y desde ese momento declaré: “No me bajaré de la moto a menos que me case o me muera”.

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