domingo, 26 de mayo de 2013

El peligro que solo llega una vez

Mi padre me propuso trabajar con mis tíos en las vacaciones de la escuela, pero jamás pensé que me enfermaría de algo no tan común, y que mis vacaciones serían toda una tortura.
En las vacaciones de verano de tercer año de secundaria viaje en autobús a la playa de Acapulco para trabajar este tiempo como ayudante en general, para un trabajo de levantamiento de maquinaria pesada que realizaba mi padre en la PEPSI de Acapulco.
El viaje lo sentí muy largo pues no estaba acostumbrado a viajar, después de 6 horas largas de camino llegue, y el calor era insoportable pero esto no me desmotivaba porque estaba feliz de pasar mis vacaciones lejos de casa.
Mi aventura comenzó levantándome a las 7 de la mañana para  las labores que consistían en auxiliar a los maestros soldadores y mecánicos pasándoles  todo tipo de herramienta que necesitaran.
El primer día fue muy bueno porque aprendía muchas cosas de mecánica y al uso de las herramientas. Trabajábamos jornadas de más de 12 horas.
En la noche de ese día al terminar la jornada, salimos a cenar y sentía la nostalgia de no estar en un lugar que no era mi casa sin embargo sería mi hogar por algún tiempo.
Al día siguiente amanecí sin muchos ánimos con el cuerpo adolorido, pero pensé que solo era porque no estaba acostumbrado a trabajar tan duro. Llegando a la fábrica, tenía temperatura y me sentía muy débil. Uno de mis tíos se dio cuenta de lo que me pasaba, me llevo a enfermería y de ahí a un hospital porque no mejoraba. Le hablaron a mi padre para avisar lo que me pasaba.
Mi padre sabía que había visitado a una prima enferma de Varicela y que posiblemente me había contagiado. Por lo cual, dio instrucciones a mis tíos de que me enviaran de vuelta a casa en el vuelo más próximo y que estuviera bien cubierto porque el aire es muy perjudicial para esa enfermedad.
Llegando a casa ya tenía muchas ronchas en la espalda que son las que brotan y cubren casi todo el cuerpo cuando a uno le da Varicela. La mitad de mis vacaciones las pase en cama, con una gran tortura de no poderme rascar, porque quitarse una costra de esas ronchas dejan marca.
Fue así cómo me contagie de una enfermedad que al parecer solo da una vez, no pude concluir los planes que tenia de trabajo y pasé un torturante tiempo vacacional sin salir.

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