domingo, 30 de junio de 2013

Fue en la lluvia

Cursaba el primer año de secundaria y me sentía muy contento de comenzar una nueva etapa. Los primeros días eran de mucha sorpresa, ya que en el grupo que me había quedado no conocía a nadie. No sabía que en esta etapa tendría experiencias muy intensas.

En la primera semana cuando salimos al receso tuve la fortuna de encontrarme algunos compañeros de la primaria y platicamos sobre qué grupo nos había tocado. Más tarde nos vimos en la salida. Mi amigo Arturo me dijo que él había encontrado a Brenda, una compañera de piel blanca y cabello oscuro. En la siguiente semana al terminar las clases me encontré a Brenda, y me regresé a casa con ella mientras platicamos. Ella estaba feliz de que estuviéramos en la misma escuela, porque yo le gustaba. Yo no lo sabía.

Yo tomaba clases en el salón 1-C y Brenda en el salón 1-D, así que me la encontraba seguido y comenzamos a tratarnos más que en la primaria. La veía como una gran amiga porque ella era muy atenta conmigo. A veces me llevaba una torta y un Danonino, lo cual me parecía un lindo detalle. A veces cuando jugaba futbol en la salida, ella me esperaba con un Frusti congelado de uva, que era mi favorito.

Antes de terminar el primer bimestre nos escribíamos cartas, pasábamos juntos el descanso y regresábamos a casa. Así transcurrió el ciclo escolar y nunca me di cuenta de que ella quería ser mi novia. En la última carta antes de salir de vacaciones, ella me explicó que en la primaria yo le gustaba, pero que nunca me dijo, porque a mí me gustaba una de sus amigas.

Antes de que terminara el primer año en los exámenes finales ella me dijo que deberíamos ser novios. Yo no quería porque en ese tiempo ni siquiera había dado mi primer beso y eso me causaba pena. Terminó el ciclo escolar. En la primera semana de vacaciones me llamó por teléfono para saber qué pensaba de la última carta que me dio. Yo le expliqué los motivos y esto la emocionó aún más.


Me pidió que nos viéramos esa misma tarde. Estaba lloviendo y aún no obscurecía. La esperaba en la banca del parque donde quedamos. Ella llegó corriendo porque la lluvia aumentaba. Corrimos hacia un árbol que nos cobijó de la lluvia, pero no del viento. Me abrazó y yo la miraba recargada en mi pecho con una enorme sonrisa. El aire y los truenos nos rodeaban, cuando de repente  ella me agarró la cara con sus pequeñas y delgadas manos para darme mi primer beso. Sus labios eran muy delgados. El beso me gustó, porque sus labios sabían a sandía.

sábado, 29 de junio de 2013

Mudanzas y la adolescencia

Al lado de mi casa rentan y una vez llegó una mujer que alborotó al vecindario entero. Yo tenía quince años. Mis papás trabajaban todo el día, y por las tardes, al regresar de la escuela, me tocaba cuidar a mi hermana de seis años.
Yo vi cuando el camión de mudanzas bajaba las cosas de la vecina una tarde de abril. La primera vez que la vi estaba de espaldas y aproveché para verle el cuerpazo que tenía. Cuando se volteó vi a la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Tenía un lindo cabello negro, liso, brillante, como comercial de televisión.
Llevaba una tele grandota, muebles grandes y un montón de ropa. Cuando me vio allí parado me pidió que le ayudara a bajar algunas cosas, me guiñó el ojo y me dijo guapo. Le ayudé a bajar los muebles de sala y comedor. Me dijo que se llamaba Selene. Era linda. Yo me enamoré como un idiota al instante. Cada vez que me la encontraba en la calle, la vecina me saludaba con una hermosa sonrisa que me dejaba babeando.
Después de hacer las tareas a veces me quedaba sin qué hacer. En una de tantas tardes dejé a mi hermanita viendo tele, salí al patio y de intención tiré una pelota plástica al techo para tener la excusa de subirme. Subí para ver si la vecina andaba por ahí. Hacía una tarde soleada, ella estaba en el jardín, recostada en una silla de playa con un biquini rojo como única vestimenta. Su bronceado era perfecto. Yo me olvidé de buscar la pelota y de todo el mundo que me rodeaba. No sé si se dio cuenta de que la estaba viendo, pero en eso sonó su celular y ella corrió adentro a responder. Sus pechos rebotaban y mis ojos con ellos cuando echó la carrera por el teléfono. Corrí al baño a encerrarme.
A veces la encontraba barriendo el patio y me saludaba siempre de buen humor. Por lo regular andaba por la casa con shorts y en sandalias. Siempre era un espectáculo verla y siempre terminaba yo encerrado en el baño.

No pasaría mucho tiempo para que la vecina se mudara y el espectáculo termino.

lunes, 24 de junio de 2013

GTA

Demostrar responsabilidad ante las cosas es una cuestión subjetiva de quien te evalúa. Son las acciones las que en realidad te hacen mostrar carácter responsable.
Cuando era adolescente tenía muchas ganas de aprender a manejar para recoger a mi novia en su escuela, pero mi padre no me prestaba el automóvil porque decía que no demostraba mucha responsabilidad. Para mi edad en esos momentos no se me permitía manejar, ya que solo tenía 15 años y no contaba con permiso vehicular.
En las vacaciones de mi tercer año de secundaria me puse a trabajar con mi tío en hojalatería y pintura. Yo trabajaría sin sueldo porque se trataba del automóvil de mi padre. Yo estaba feliz de poder trabajar con el auto porque así podría manejarlo. Mi tío al finalizar el día me dejaba darle una vuelta a la manzana y fue así como aprendí a manejar, ya que era la única ocasión en la cual se me permitía.
Todos los días me levantaba con ánimo para sacar el automóvil de la cochera y prepararlo para rasparlo, ya que lo pintaríamos completo. El auto era un Cutlass Eurosport que me gustaba mucho porque era la combinación perfecta entre deportivo y elegante.
En una semana estuvo listo; lo pintamos negro y lucía increíble. Yo le había dicho a mi padre que me lo prestara solo para recoger a mi novia, a lo que él se negó. El siguiente fin de semana él viajaría y siempre le dejaba las llaves a mi hermana mayor. Entonces pensé en tomar las llaves sin permiso.
Mi novia iba a la escuela los sábados y yo ya tenía todo planeado para ir por ella en ese hermoso auto en el cual había trabajado duro. Mi hermana mayor se bañaba y yo saqué el automóvil sin encender, empujándolo para que no escucharan que me lo llevaba.
Llegué por mi novia y  ella me esperaba con sus amigas. Me bajé, le abrí la puerta y nos fuimos de ahí. Regresamos a mi casa para dejar el auto. Esperaba que mi hermana me regañara, pero no fue así. Solo me dijo que se lo hubiera pedido, que ella ya sabía que yo manejaba.

Mi hermana platicó con mi padre y él me dijo que a primera hora del día lunes fuera a tramitar mi permiso vehicular porque no quería que circulara así. De esta manera conseguí que mi padre me considerara más responsable.

domingo, 9 de junio de 2013

Difícil de explicar

Cuando era adolecente me gustaban las cosas paranormales porque siempre en las familias se cuentan cosas de terror. Yo era fan de La Mano Peluda y todos los viernes la escuchaba hasta tarde porque era el único día en que me podía desvelar.
El programa comenzaba a las diez de la noche y le pedí prestada su grabadora a mi hermana mayor porque así acostumbraba. Usaba una extensión eléctrica porque mi contacto estaba muy lejos de mi cama. El contacto estaba algo averiado y no funcionaba muy bien. Apagué la luz, me acosté con mi perro Fito y me puse a escuchar los relatos.

Mi habitación estaba al lado de la de mis padres, y ellos ya descansaban. Ya más entrada la noche yo sentía mucho miedo pues la historia que narraban era muy terrorífica. La grabadora se apagó pero pensé que la extensión había fallado, busque el cable que salía detrás de la grabadora y lo jale para alcanzar la punta de la extensión averiada. La grabadora volvió a encender porque enchufé bien la conexión. La emoción aumentaba porque lo que escuchaba estaba llegando a si clímax, y de pronto, la grabadora se volvió a apagar; repetí el mismo proceso para que volviera a encender. Para la tercera vez que se me apagó la grabadora ya no quería encender y pensé que había desconectado la grabadora desde el enchufe de la pared, así que, me levanté para revisarla.

No pude ponerme de pie rápidamente. Mi perro daba vueltas de manera extraña, pero conseguí levantarme. Él comenzó a ladrar de manera muy agresiva; cuando encendí la luz él estaba en la orilla de la cama muy alterado. Mis padres se despertaron y yo abrí la puerta rápidamente para que vieran lo que hacia mi perro. Mi padre me dijo que lo sacara de ahí porque Fito podría morir, ya que me estaba protegiendo. Saque a Fito de ahí y mi madre encendió una veladora para que aquello que causaba la molestia de Fito se fuera. No pasó mucho tiempo y Fito ya no ladraba más pero se apartaba de mi lado.

Al día siguiente, mientras desayunábamos platicábamos de lo sucedido en la madrugada. Mi madre se molestó porque decía que no debería de escuchar ese tipo de cosas.

Esta sería mi primera experiencia paranormal ya que nunca pude explicar la razón de que mi perro ladrara hacia el techo con una gran furia.

domingo, 2 de junio de 2013

Dos ruedas y mucha adrenalina

Siempre he gustado de andar en dos ruedas, y la bicicleta fue una de mis primeras pasiones. Es así como comenzó el amor por las motos. De chico siempre admiré a mi tío porque manejaba motocicleta. Los fines de semana, a veces él iba por mí para darme una vuelta.
Mi tío siempre avisaba a mi madre cuánto tiempo tardaríamos, pero hubo una ocasión donde nos tardamos mucho más. Esa vez tardaríamos, ya que se nos ponchó una llanta y llovió. Mi madre se preocupó bastante, porque una caída en moto es muy riesgosa.
En diciembre del 2004 recibí 25 mil pesos de una caja de ahorro que mi madre administraba. La había esperado con ansias. Con este dinero compraría mi primer moto.
El día viernes de la primera semana de enero mi tío me acompañó a comprarla. Cuando llegamos a la tienda, sentía muchos nervios porque yo aún no sabía manejar moto estándar. Hablamos con el vendedor, que gustoso nos atendía porque haríamos la compra. El técnico del establecimiento la tuvo lista en 20 minutos.
Era una moto con motor 150cc de tipo deportiva, la cual se convertiría en la mejor acompañante de todas mis nuevas aventuras. No era la gran moto pero para ser la primera, sería muy adecuada.
Ya de regreso mi tío fue quien la estrenó porque yo volví manejando el coche en el que llegamos al establecimiento de motos.
En casa le dije que me enseñara a meter los cambios de la moto estándar. El me enseñó después de la comida. Eran las siete de la noche y la emoción no cabía en mí, y en cuestión de 20 minutos ya estaba dando vueltas por mi colonia.
Me la pasé casi toda la tarde dando vueltas por lugares que conocía, hasta que se me terminó la gasolina y tuve que volver empujando la moto. La gasolina se me terminó porque olvidé que solo le ponen poca para probarla.
Por lo tanto creo que la adrenalina y la emoción a veces te hacen olvidar cosas básicas del uso de los vehículos. Creo que es fascinante sentir el poder de una máquina que te desplaza con mayor libertad. Y desde ese momento declaré: “No me bajaré de la moto a menos que me case o me muera”.

domingo, 26 de mayo de 2013

El peligro que solo llega una vez

Mi padre me propuso trabajar con mis tíos en las vacaciones de la escuela, pero jamás pensé que me enfermaría de algo no tan común, y que mis vacaciones serían toda una tortura.
En las vacaciones de verano de tercer año de secundaria viaje en autobús a la playa de Acapulco para trabajar este tiempo como ayudante en general, para un trabajo de levantamiento de maquinaria pesada que realizaba mi padre en la PEPSI de Acapulco.
El viaje lo sentí muy largo pues no estaba acostumbrado a viajar, después de 6 horas largas de camino llegue, y el calor era insoportable pero esto no me desmotivaba porque estaba feliz de pasar mis vacaciones lejos de casa.
Mi aventura comenzó levantándome a las 7 de la mañana para  las labores que consistían en auxiliar a los maestros soldadores y mecánicos pasándoles  todo tipo de herramienta que necesitaran.
El primer día fue muy bueno porque aprendía muchas cosas de mecánica y al uso de las herramientas. Trabajábamos jornadas de más de 12 horas.
En la noche de ese día al terminar la jornada, salimos a cenar y sentía la nostalgia de no estar en un lugar que no era mi casa sin embargo sería mi hogar por algún tiempo.
Al día siguiente amanecí sin muchos ánimos con el cuerpo adolorido, pero pensé que solo era porque no estaba acostumbrado a trabajar tan duro. Llegando a la fábrica, tenía temperatura y me sentía muy débil. Uno de mis tíos se dio cuenta de lo que me pasaba, me llevo a enfermería y de ahí a un hospital porque no mejoraba. Le hablaron a mi padre para avisar lo que me pasaba.
Mi padre sabía que había visitado a una prima enferma de Varicela y que posiblemente me había contagiado. Por lo cual, dio instrucciones a mis tíos de que me enviaran de vuelta a casa en el vuelo más próximo y que estuviera bien cubierto porque el aire es muy perjudicial para esa enfermedad.
Llegando a casa ya tenía muchas ronchas en la espalda que son las que brotan y cubren casi todo el cuerpo cuando a uno le da Varicela. La mitad de mis vacaciones las pase en cama, con una gran tortura de no poderme rascar, porque quitarse una costra de esas ronchas dejan marca.
Fue así cómo me contagie de una enfermedad que al parecer solo da una vez, no pude concluir los planes que tenia de trabajo y pasé un torturante tiempo vacacional sin salir.