Mi padre me propuso trabajar con mis tíos en las vacaciones
de la escuela, pero jamás pensé que me enfermaría de algo no tan común, y que mis
vacaciones serían toda una tortura.
En las vacaciones de verano de tercer año de secundaria
viaje en autobús a la playa de Acapulco para trabajar este tiempo como ayudante
en general, para un trabajo de levantamiento de maquinaria pesada que realizaba
mi padre en la PEPSI de Acapulco.
El viaje lo sentí muy largo pues no estaba acostumbrado a
viajar, después de 6 horas largas de camino llegue, y el calor era insoportable
pero esto no me desmotivaba porque estaba feliz de pasar mis vacaciones lejos
de casa.
Mi aventura comenzó levantándome a las 7 de la mañana para las labores que consistían en auxiliar a los
maestros soldadores y mecánicos pasándoles todo tipo de herramienta que necesitaran.
El primer día fue muy bueno porque aprendía muchas cosas de
mecánica y al uso de las herramientas. Trabajábamos jornadas de más de 12
horas.
En la noche de ese día al terminar la jornada, salimos a
cenar y sentía la nostalgia de no estar en un lugar que no era mi casa sin
embargo sería mi hogar por algún tiempo.
Al día siguiente amanecí sin muchos ánimos con el cuerpo
adolorido, pero pensé que solo era porque no estaba acostumbrado a trabajar tan
duro. Llegando a la fábrica, tenía temperatura y me sentía muy débil. Uno de
mis tíos se dio cuenta de lo que me pasaba, me llevo a enfermería y de ahí a un
hospital porque no mejoraba. Le hablaron a mi padre para avisar lo que me
pasaba.
Mi padre sabía que había visitado a una prima enferma de
Varicela y que posiblemente me había contagiado. Por lo cual, dio instrucciones
a mis tíos de que me enviaran de vuelta a casa en el vuelo más próximo y que
estuviera bien cubierto porque el aire es muy perjudicial para esa enfermedad.
Llegando a casa ya tenía muchas ronchas en la espalda que
son las que brotan y cubren casi todo el cuerpo cuando a uno le da Varicela. La
mitad de mis vacaciones las pase en cama, con una gran tortura de no poderme
rascar, porque quitarse una costra de esas ronchas dejan marca.
Fue así cómo me contagie de una enfermedad que al parecer
solo da una vez, no pude concluir los planes que tenia de trabajo y pasé un
torturante tiempo vacacional sin salir.